Los pobres urbanos.

El análisis de la pobreza urbana ha cobrado mayor importancia en las últimas
décadas debido a que la población urbana, y con ella la pobreza, se han
incrementado de forma acelerada.

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Por Daniela Montiel

“Ni todos los pobres urbanos viven en áreas urbanas hiperdegradadas, ni todos
los que sí lo hacen son pobres” (Davis, 2007).

WPTD
El análisis de la pobreza urbana ha cobrado mayor importancia en las últimas
décadas debido a que la población urbana, y con ella la pobreza, se han
incrementado de forma acelerada.

En el caso de México, luego de un largo proceso de redistribución espacial de la
población, que pasó de los asentamientos rurales a los urbanos, entre 1970 y
1980, México se convirtió en un país predominantemente urbano “que desde
hace mucho tiempo registra tres características que lo distinguen: a) gran parte
de su población es pobre, b) la desigualdad social es muy acentuada y c) está
inmerso en un intenso proceso de urbanización” (Garrocho, 2011).

Se entiende por asentamiento urbano como aquellos asentamientos mayores a
15 mil habitantes según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de
Desarrollo Social (CONEVAL) y el Consejo Nacional de Población (CONAPO)
aunque por parte del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática
(INEGI) define los asentamientos urbanos como aquellos mayores de 2500
habitantes y las cabeceras municipales sin importar su monto de población.

Estos límites se derivan de otras investigaciones que bien podrían ser
actualizadas para verificar si esos umbrales siguen siendo correctos para
diferencia o dividir a las localidades urbanas y rurales. Para esta investigación,
se utilizó la cifra del CONEVAL y la CONAPO considerando a la población
urbana como aquella que reside en localidades censales de 15 mil y más
habitantes, se tiene que entre 1900 y 2010 la población urbana del país se
multiplicó por 49 veces, al pasar de 1.4 a 70.2 millones de habitantes, mientras
que el grado de urbanización creció de 11 a 63%.

Según el CONEVAL6, en términos de volumen, el grueso de los habitantes con
pobreza residían en localidades urbanas con 35.6 millones frente a 17.2
millones que habitaban en localidades rurales; 2.1 veces más. Pero en términos
de incidencia, la situación era contraria, puesto que en las áreas urbanas el
porcentaje de población en situación de pobreza fue 40% frente a 65% de las
localidades rurales.

Las cifras comparativas entre poblaciones de pobres rurales y poblaciones de
pobres urbanos nos ayudan para tener un panorama general cuantitativo del
problema, aunque existen discrepancias entre los autores y sus interpretaciones
de las mismas.

Por ejemplo Garrocho (2011) afirma que: La proporción de población pobre es
menor a la proporción de la población urbana nacional (que es de 66%), lo que
indica que las ciudades ofrecen a la población más oportunidades para
abandonar la situación de pobreza, ya que concentran menor población pobre
que la que correspondería si la pobreza se distribuyera homogéneamente entre
los asentamientos urbanos y rurales. Esto lo secunda diciendo que “en México
las ciudades ofrecen, tanto a hombres como a mujeres, mayores oportunidades
de empleo formal e informal que las economías rurales y estas oportunidades
están disponibles durante todo el año” (Garrocho, 2009) al contrario que en el
campo muchas veces no es así.

Sería arriesgado afirmar que los pobres urbanos por el hecho de residir en
ciudades tienen más oportunidades para abandonar su situación de pobreza
que un pobre en un área rural. Por el simple hecho de que las ciudades
concentran mayor población que las zonas rurales, y a su vez, mayor población
pobre; el universo de posibilidades u oportunidades (ya sea de asentamiento,
empleo, desarrollo) se divide de manera significativa entre toda su población
urbana y después entre toda la población urbana pobre, la cual (en ambos casos) en comparación con la rural, es mayor. No por nada, desde la década de
1990, el Banco Mundial ya pronosticaba que la pobreza urbana se convertiría
en “el problema más significativo y políticamente explosivo del próximo siglo”
(Shi, 2000).

Uno de los problemas más significativos para los pobres urbanos es “resolver la
complicada ecuación para intentar optimizar los costes de la vivienda, la
seguridad de la propiedad, la calidad el refugio, el desplazamiento al trabajo y
algunas veces la seguridad personal” (Davis, 2007). Esta no es una excepción
para los pobres urbanos que habitan en las ciudades mexicanas que tienen, por
mencionar algunos, problemas de insuficiencia de ingresos y dificultades
asociadas a la adquisición de una vivienda.

Esta situación, en ocasiones, provoca que “las personas se ubiquen en
espacios precarios no aptos para desarrollar una vida digna o a establecerse en
asentamientos irregulares donde la falta de servicios de educación, salud y
equipamiento urbano se convierten en un problema que afecta su vida
cotidiana.”7

En el caso particular de México, la pobreza ha existido y permanecido
históricamente, sin embargo nos enfocaremos a su evolución y desarrollo a lo
largo de la segunda mitad del siglo XX, ya que es precisamente en este periodo
de tiempo donde crecen alarmantemente los asentamientos irregulares, tal cual
lo veremos en el apartado siguiente.

A medida que el modelo económico en el país, pasó de ser el de “Estado
Benefactor” al de “Desarrollo estabilizador” el estado fue perdiendo injerencia en
las políticas económicas y se fue trasladando hacia un modelo más neoliberal y
capitalista de libre mercado, donde el asistencialismo fue visto como una
medida populista y este mismo dogma mermó la capacidad del estado para
actuar sobre los problemas de vivienda.

Es por eso que miles de personas al perder en gran medida el apoyo del Estado
comenzaron a buscar formas de organización comunal y vecinal que derivaron
en múltiples movimientos sociales en la década de los años 60 a nivel global, y
muy especialmente en los años 70 aquí, en México. Estos mismos movimientos
sociales que luchaban por una causa obrera y de dignidad, derivada de sus
propias condiciones de pobreza y desigualdad fueron ganando terreno.

Es entonces cuando el Estado adquiere una postura asistencialista y correctiva,
que en vez de solucionar el problema lo agudiza. Comienza con Solidaridad,
estrategia anunciada durante la administración federal de Carlos Salinas de
Gortari (1988-1994); pasando por Progresa, presentado en la gestión de
Ernesto Zedillo (1994-2000), y Oportunidades, implementado en el gobierno del
panista Vicente Fox (2000-2006) y continuado por su correligionario Felipe
Calderón (2006-2012), ahora el principal programa gubernamental para abatir la
pobreza se llamará Prospera en lo que resta del sexenio.

Aún con este tipo de programas de política pública, la pobreza prácticamente se
mantuvo estática, de 1992 a 2010 que son las últimas cifras que CONEVAL
presenta. De igual modo los asentamientos irregulares han aumentado el nivel
de su infraestructura urbana básica, sin embargo el nivel de pobreza continua
siendo el mismo y su calidad de vida y la calidad de las viviendas también.

Así, se vuelve preocupante pero a la vez muy pertinente lo que señala Garrocho
(2011):

Como no se avizoran cambios profundos que modifiquen la situación de pobreza y desigualdad en el país, el futuro de México seguiría estando caracterizado por una gran
población urbana pobre que vivirá en espacios fragmentados y por ciudades
fragmentadas que incidirán en la persistencia de la pobreza.

Muchas veces resulta difícil obtener estadísticas fiables de las poblaciones sin
recursos o de las áreas urbanas pobres, debido a que con frecuencia son
olvidados por los censos oficiales. Un ejemplo de ello es que en la década de
1990 “el gobierno mexicano aseguraba que solamente uno de cada diez
habitantes de las ciudades era realmente pobre, a pesar de los incuestionables
datos de Naciones Unidas que mostraban que el 40% vivía con menos de dos
dólares diarios” (Davis, 2007).

Por otro lado cifras que nos comparte Clichevsky (2003) indican que en 2012, la
pobreza en las localidades urbanas afectaba a 36.6 millones de personas. Esta
situación implicó que del total de pobres en el país (53.3 millones), poco más de
dos terceras partes se localizan en zonas urbanas por lo que convierte a la
pobreza en uno de los problemas más relevantes además de comunes dentro
de las zonas metropolitanas del país.

Años después entre 2010 y 2012, en las zonas urbanas el número de pobres
pasó de 35.6 a 36.6 millones y los pobres extremos de 5.9 a 5.7 millones
indicándonos que el fenómeno de la pobreza con el paso del tiempo ha ido en
aumento y con él sus problemas.

Existen, aunque pocas, alternativas de asentamiento y propiedad para los más
pobres, dependiendo del país en que se encuentren. Por mencionar un análisis
de lo antes mencionado, Soliman (citado por Davis, 2007) realiza clasificación
donde encuentra cuatro alternativas básicas para la población pobre de El
Cairo:

  • En primer lugar, si la prioridad es acceder a los mercados de trabajo, una familia puede considerar la posibilidad de alquilar una vivienda, que le permita la proximidad al trabajo y la seguridad de posesión aun siendo una alternativa cara y que no da opción para un futuro acceso a la propiedad.
  • La segunda sería la proximidad pero con un alojamiento informal: “una habitación o una azotea muy pequeña con un bajísimo nivel de calidad y na renta muy baja o
    directamente inexistente, con un buen acceso a las oportunidades de trabajo pero sin ninguna esperanza de seguridad de la propiedad.
  • La tercera y la más económica de las alternativas es ocupar un terreno de propiedad pública, situado normalmente en las periferias de las ciudades. Los aspectos negativos de esta alternativa incluyen el alto coste de transportación al trabajo y la negativa gubernamental a realizar obras de infraestructura. Cuantos asentamientos de este tipo tienen años de ocupación y no han recibido atención alguna por arte de las autoridades.
  • La cuarta alternativa es la más extendida de todas y consiste en comprar una vivienda en alguno de los grandes asentamientos semiinformales con una propiedad legal sobre los mismos pero sin ninguna autorización oficial para construir. Aunque estos sitios se encuentran alejados del lugar de trabajo, ofrecen seguridad, y si se practica una considerable movilización de la comunidad, acabarán teniendo servicios municipales básicos.

Todos estos ejemplos se presentan, más que alternativas, como obligaciones
disfrazadas de elección, cuando la realidad es que el discurso oficial de la
pobreza “no recoge los costes reales de la vida urbana” (Davis, 2007). Además
de qué:

…las condiciones de pobreza de la población de los países de América Latina y el
Caribe y el funcionamiento del mercado legal de las tierras han definido, a lo largo de
los rápidos procesos de urbanización de los países de la región, las posibilidades que
tiene la población de acceder a vivir en una determinada área urbana. (Clichevsky,
2006)

Entonces ¿dónde viven los pobres?

WPTD2De acuerdo con Davis (2007) “la mayoría de la población urbana sin recursos ya
no vive en el interior de las ciudades”, si no que la mayor parte del crecimiento
de la población urbana en el mundo, sobre todo en el Tercer Mundo, ha sido
absorbido por las zonas pobres de la periferia urbana.

Ahora bien, el concepto de “periferia” es bastante relativo y está se encuentra
sujeto a momentos históricos. Las zonas periféricas del ayer son las zonas
pobres entrelazadas en la ciudad de hoy. El crecimiento acelerado de las
ciudades integra a la periferia y pasa a formar parte del núcleo metropolitano
densamente poblado.

Según Davis (2007), las periferias son pobladas principalmente de dos formas:
“con la ocupación de terrenos y utilizando un significativo termino colombiano,
las urbanizaciones piratas”.

Aún y cuando no todos vivamos en estos asentamientos o en una situación de
pobreza extrema, según clasificaciones antes presentadas; no podemos ignorar
el problema de la pobreza o aislarlo como un problema que le atañe
exclusivamente al Estado. Los pobres y la pobreza urbana no son sólo un
problema social, sino una característica actual e inherente de las ciudades de
nuestro país; específicamente de las grandes ciudades. A diferencia del siglo
pasado, estos pobres y sus asentamientos ya no sólo se sitúan en márgenes de
la ciudad, si no, se encuentran ahora inmersos en el tejido urbano. Son nuestros
vecinos.

Sea en el Cairo o en la ciudad más pobre de México, las ‘alternativas’ son
escasas y similares Y los peligros de las carencias en las áreas urbanas se
potencializan por el hacinamiento y la aglomeración; por tanto adquieren un
rasgo colectivo y social más amplio. Si Garrocho (2011) está en lo correcto y las
proyecciones para México son mantener como hasta ahora la densidad de su
población urbana constante, “el crecimiento de las ciudades requiere
permanentemente suelo adicional para los nuevos habitantes, la mayoría de
ellos inmigrantes pobres”.

Por último, se afirma que la pobreza como proceso social, moldea nuestras
ciudades. Los procesos sociales, en este caso (la pobreza) afectan las
estructuras espaciales (la fragmentación de la ciudad) y, simultáneamente, las
estructuras espaciales (la fragmentación de la ciudad) inciden en los procesos
sociales. “Así, lo social se transforma en lo espacial y lo espacial se transforma
en lo social” (Garrocho, 2011).

Es por esto que las ciudades, en específico las mexicanas, son pobres,
desiguales y altamente urbanizadas.

Otra característica importante a tomar en cuenta a la hora de hablar sobre
pobreza es, la ubicación geográfica de la misma, componente clave para
comprender la estructura, las causas y las tendencias de la pobreza, así como
las políticas requeridas para luchar contra ella.

6 Recuperado de CONEVAL (2014). Evolución y determinantes de la pobreza de las principales ciudades de México, 1990-2010 <http://www.coneval.org.mx/Informes/Pobreza/Pobreza%20urbana/Evolucion_determinantes_de_la_pobreza_urbana.pdf&gt;

7
Ídem.

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